jueves, 29 de mayo de 2014

La estética de las promotoras de ventas

Nunca había tenido problemas laborales y siempre encontraba trabajo con facilidad, hasta que llegó la crisis. El despacho de economistas donde trabajaba tuvo que reducir la plantilla y como yo fui la última en llegar, me despidieron. Comencé entonces una odisea insoportable de entrega de curriculums, entrevistas de trabajo y pruebas de selección. Pero al fin mi esfuerzo se vio premiado. El día que me llamaron para decirme que había sido admitida en la empresa donde actualmente trabajo, no pude dar crédito. Tal y como estaban las cosas nunca creí que podría entrar allí y ni que me consideraran lo bastante capacitada, y sin embargo aquí me tienen. La compañía buscaba gente como yo para llevar a cabo una campaña de publicidad para la venta de aparatos de belleza de la más desarrollada tecnología (desde masajeadores faciales, hasta lo último en máquinas de depilación) y la empresa encargada del Marketing para aquel programa publicitario tenía muy claro lo que quería. Lo que teníamos que conseguir era ser un objeto de deseo para el cliente. El cliente tenía que vernos y desear ser como nosotras, y claro, nosotras habíamos conseguido llegar a ese punto de perfección gracias a la tecnología puntera y a los aparatos de belleza que vendíamos... La verdad es que se trataba de una campaña de marketing sutilmente agresiva, aunque no lo creáis. El caso es que dos meses antes de comenzar, la empresa llamó a los candidatos y nos dieron cursos de formación. Lo primero que me dijeron a mí, en una reunión individual, era que tenía que someterme a una intervención de cirugía estética para tener mejor imagen. Decían que mi look era bueno, pero que tenía que ser perfecto. Al principio fui reacia, pero al final me convencieron cuando me quedó claro que ellos corrían con todos los gastos y que además se trataba de la famosa empresa CLÍNICAS DIEGO DE LEÓN, dedicados a la medicina estética avanzada desde hace más de quince años y que yo siempre había soñado conocer. En Clínicas Diego de León recibí un trato magnífico y me sometieron a una mastopexia, una abdominoplastia y a un lipofilling facial que me dejaron un cuerpo escultural y un rostro que parecía sacado de las películas... El resultado fue tan bueno, que mi empresa me contrató no solo para participar en las campañas de publicidad para vender sus productos, sino también como modelo. Hoy podéis encontrar mis fotos en montones de revistas conocidas y en las marquesinas de las paradas de los autobuses de mi ciudad. Tengo un trabajo que me gusta, me siento genial conmigo misma y soy muy feliz. ¿Acaso se puede pedir más?

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