viernes, 11 de julio de 2014

Publicidad de maquinas expendedoras de oro

Hace cuatro años que conozco a mi amigo Rafael y os puedo asegurar que es la criatura más cuentista que he visto en toda mi vida. De hecho, durante mucho tiempo, se dedicó a hacer de cuentacuentos en bares de mi ciudad, porque claro, a él eso de contar historias fantásticas siempre le ha salido así de natural. Yo me lo imagino de pequeñajo martirizando a su pobre madre, inventando mentiras un día sí y otro también, y ella intentando discernir la realidad… Este hombre no tiene remedio, porque si a los cincuenta años no has dejado de ser un cuentista, ya no hay nada que hacer. Eso sí: una comida, cena o tapeo con mi amigo Rafael es una diversión garantizada. No hay encuentre con él del que no te lleves dos, tres, cuatro e incluso más historias nuevas. Si yo escribiera un libro con las historietas que me ha contado, tendría ya un buen volumen. De hecho, a principios de año me compré una libreta pequeñita para anotar resumidamente sus mejores invenciones. La terminé en un par de semanas… Él es una fuente inagotable de cuentos. La mayor parte de las cosas que te relata son mentira. Aunque claro, la mentira es algo muy relativo, porque si mentir es tergiversar la realidad, mi amigo Rafael en realidad no hace eso. Rafael inventa realidades alternativas y saca vida de mundos paralelos, que ninguno de nosotros tendrá nunca la posibilidad de conocer. Creo que tiene un cerebro fascinante. O eso, o ve mucha televisión. Recuerdo que la primera historieta que me contó cuando lo conocí era sobre su lugar de nacimiento. Me explicó que era guajiro y me dijo que lo buscara en google, y que vería como guajiro venía de la palabra “héroe de guerra” o “war hero” en inglés. De war hero derivó en la pronunciación “guajiro”. ¿Alguno de vosotros sabe acaso de dónde son los guajiros? Buscadlo, buscadlo. Yo siempre le digo a Rafael que se tenía que haber dedicado laboralmente a la publicidad y al marketing, porque con esa imaginación, hubiera hecho las delicias de muchas grandes empresas. Pero nada, que a él lo que le gustan son los ordenadores e irse a la playa a ver a las guiris tomando el sol… No tiene remedio este Rafael. Anoche nos fuimos juntos a tomar una copa y me vino contando que había visto una noticia sobre máquinas expendedoras de oro. Me explicó que eran máquinas que se estaban instalando en muchos países y que en lugar de dar botellas de agua o latas de refresco, daban lingotes de oro. Creí que se lo estaba inventando, pero cuando llegué a casa lo busqué en internet y vi que era totalmente cierto. Lo explicaban perfectamente en el blog de compro oro, que es una empresa dedicada a comprar oro, plata, diamantes y relojes. Me sorprendió, por cierto lo bien que explican en esta web todo el tema relacionado con el mundo del oro. Me entretuve un buen rato leyéndola –os recomiendo que le echéis un vistazo- y aprendí bastantes cosas. Y yo estoy totalmente de acuerdo con lo que dicen sobre las máquinas expendedoras de oro: a mí me daría muchísimo miedo ir a una máquina de esas a sacar un lingote de oro y que cualquiera pueda saber que lo he sacado y atracarme para llevárselo. En fin, cosas raras que inventa la gente.

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