lunes, 6 de octubre de 2014

El marketing de las operadoras de telefonía

Ya tienes donde reparar tu teléfono móvil averiado. Lo que han cambiado los teléfonos móviles con el mero transcurso del tiempo... Puedo entender que la publicidad y el marketing sea algo muy importante para una empresa, pero no me cabe en la cabeza cómo pueden ser a veces tan pesadas algunas compañías, que se empeñan de forma cansina en contactar contigo y tratar de convencerte de que compres sus productos. Hace poco me encontré con mi amiga Vanesa, que es abogada electrónica y lleva temas de protección de datos, así que aproveché para preguntarle si podía hacer algo contra todos estos insufribles empresarios que me llaman –a través de sus teleoperadores- a horas intempestivas vendiéndome telefonía móvil, internet, o productos y servicios que no me interesan los más mínimo, y que me envían correos electrónicos que saturan mi bandeja de entrada. Ella me explicó que si no he consentido previamente recibir esa publicidad, la empresa no tiene derecho a enviármela, y que en cualquier momento puedo ejercitar mis derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición. También me habló de la Lista Robinson, creada para que las personas que no desean recibir publicidad, si inscriban en ella, con objeto –precisamente- de no ser molestados por las empresas plastas en cuestión. Yo me he inscrito, por si acaso. Es gratuito y siempre puedo alegarlo cuando vuelvan a incordiarme. Reconozco, que en ocasión, la publicidad es buena y útil, pero el bombardeo continuo de mensajes no deseados es lo que no soporto. Precisamente, esta mañana, la publicidad le ha servido de mucho a mi hermano Alejandro. Alejandro tiene un Iphone, pero sin Bluetooth, eso sí. Le costó un dineral, cuenta con las últimas prestaciones, pero si necesitas que te pase un vídeo o una foto en el momento a tu móvil, olvídate, porque de Bluetooth nada de nada. Él y yo tuvimos que visitar a un cliente en Sevilla, y cuanto terminamos, sobre las 12 de la mañana, fuimos a tomar unas tapas por el centro. Después de su tercer vino tinto, mi hermano ya estaba un poco mareado, y justo por eso, cuando entró al servicio una de las veces en un bar, acabó tirando al váter el Iphone que llevaba en el bolsillo de la camisa. Dice que se agachó a tirar un papel y justo en ese instante, el aparato resbaló, con tan mala suerte que fue derecho al inodoro. Aparte del asco de tener que sacar el aparato de allí, mi hermano se disgustó mucho porque también se le averió por culpa del agua. Y a ver cómo se las arreglaba ahora para encontrar a alguien para reparar móviles lo antes posible y en Sevilla, ciudad que casi no conocíamos. Entonces recordé que un rato antes, por la calle, una chica me había dado publicidad de una tienda que se dedicaba a la reparación de móviles y otros dispositivos, y que tenía un título llamativo en letras rojas que decía reparar móviles Sevilla y un número de teléfono. Mi hermano llamó, y para su sorpresa, un mensajero se presentó el cabo de muy poco tiempo en el bar a recoger el móvil para llevarlo a la tienda de reparaciones. Esa misma tarde lo tuvo reparado y en perfecto estado de funcionamiento. ¡Pues sí que tienen buen servicio! Menos mal que no tiré la publicidad. A mi hermano le vino de perlas.

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